Dindón era un duendecito alegre y preguntón. Todo lo conmovía y maravillaba. Era sensible y muy curioso además. Preguntaba todo el tiempo y no sólo eso, si la respuesta no le conformaba, preguntaba una y otra vez, una y otra vez. Dindón vivía con sus papás, sus hermanitas y su abuelo Dondón.   El abuelo era muy, pero muy viejito. Tenía muchísimos más años de los que Dindón podía imaginar pues –se dice-  los duendes viven mucho.   Como era tan viejito, Dondón casi no veía, a pesar de sus gruesos anteojos y caminaba con muchísima dificultad por más que se ayudara con su bastón.  Nieto y abuelo eran grandes amigos. El pequeño notaba que su abuelo cada día podía hacer menos cosas.     Sentía que, muy de a poquito, Dondón se iba apagando.  Aunque no quería, muchas veces Dindón pensaba que su abuelo algún día ya no estaría con él y algo le decía que no faltaba mucho para que ese momento llegara.  Triste y preocupado habló con su mamá. Su mami, tratando de encontrar las palabras justas le explicó al duendecito que en este mundo en el que todos vivimos, nada dura para siempre. Las flores un día se marchitan, las hojas de los árboles pasan de ser verdes a ser ocres y caen, los ríos pueden secarse, y las personas mueren. Eso era justo lo que Dindón no quería escuchar, pero era la verdad y su mamá no podía, ni quería mentirle. Hay pocas cosas Dindón que siempre nos acompañarán. Una de ellas es el alma de las personas que amamos y se han ido, el amor que les hemos tenido y ellos nos han tenido a nosotros y otra cosas son las estrellas. No es que sean eternas, pero su brillo pareciera eterno y lo es para nuestra corta existencia respecto de la de ellas.   Dindón entendió muy bien lo que su  mamá le quería decir, pero no le gustó escucharlo. En otro momento hubiese preguntado algo, pero esta vez prefirió no hacerlo. Nada es eterno Dindón, la naturaleza cambia, las personas se van, por eso es tan importante aprovechar cada momento. Cada pequeño detalle de la vida hay que disfrutarlo, hay que apreciar el brillo de las estrellas cada noche que nos da la vida. El duendecito guardó en su corazón las palabras de su mamá. Mientras tanto, acompañaba cada momento  a su abuelo y compartía todo lo que podía con él. Quería hacerle caso a su mamá y disfrutar cada pequeño momento con su gran amigo del alma, aunque se daba cuenta que esa estrella se iba apagando poco a poco. No es fácil entender que alguien no va a estar nunca más con nosotros y más para un niño, pero es así, la muerte es parte de la vida. Para poder comprender ciertas cosas, hay que verlas con amor, por más que duelan.  Lo que realmente debemos entender es que la persona que nos deja, lo hace sólo físicamente y que su amor, su alma y su brillo seguirán por siempre en nuestro corazón. No es que por eso no los vayamos a extrañar, pero sin duda un poquito menos dolerá su ausencia. El tan temido día llegó. Dondón partió de este mundo, dejando a Dindón con un gran vacío en su corazón. Dondón no se fue triste, por el contrario, había vivido una muy larga y linda vida. Había amado, se había sentido amado por los demás, había apreciado el aroma de las flores, la frescura del césped y el brillo de las estrellas también. Al duendecito le costó mucho aceptar la ausencia de su abuelo, pero intentó ayudarse con las palabras que su mamá le había dicho y él había atesorado en su corazón.   Cada noche, desde que su abuelo había muerto, Dindón miraba el cielo. Cada noche, desde que Dondón se había ido, notó lo mismo: había una estrella que brillaba más que las demás, como si fuera nuevita, recién estrenada.El pequeño no entendía que tenía que ver esa estrella nueva con la muerte de su abuelo y le preguntó a su mamá: ¿Cuándo brillan más las estrellas? Su mamá parecía que podía leer el corazón de Dindón y con su dulce voz le explicó.  Hijito, hay muchas clases de estrellas, todas bellas y cada cual con un brillo particular. Cada persona en sí es una estrella, su alma lo es. A veces la vida, con sus idas y venidas, no nos permite brillar con toda nuestra plenitud. Sin embargo, cuando un alma buena se ha ido, no hay otro lugar posible para ella que no sea el cielo y allí es donde puede brillar más que nunca.Dindón jamás dejó de pensar en su abuelo, ni de extrañarlo tampoco, pero cierto es que cada noche, al ver esa estrella tan particular que brillaba como ninguna, su tristeza se confundía con un poco de alegría. Comenzaba a entender algo que no es fácil y lo hacía de la mejor manera, a través del amor.Y Colorín Colorado  LIANA CASTELLO Escritora Argentina






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EL NIÑO JESÚs….Cuento de Navidad



Érase un barrio nuevo de Madrid, en las Navidades de 1988. Érase una moderna autopista que dividía el barrio en dos partes. En una, se alineaban unos bloques de pisos blancos, de modernísima construcción, todos con sus antenas de televisión en color.

En la otra, había un conjunto de chabolas.

Era la noche del 24 de diciembre. Por la calle no se veía a nadie, porque todos se disponían a cenar.

En casa de los señores… Bueno, ¿qué importa el nombre? El caso es que vivían en los pisos blancos, y estaban a punto de empezar a cenar. La madre preparaba la vajilla. Junto a la mesa había tres niños agachados que rodeaban un hermosos nacimiento.

Spiritualité  .. Nativité

-¡Mamá! –gritó Mari Carmen, la pequeña de la casa, que tenía siete años- ¡Mira que bonito es el Niño Jesús! Lo hemos comprado esta mañana. Tiene la carita dorada.

-Sí, hija, pero no me distraigas ahora. Estoy muy ocupada poniendo la mesa. ¿Por qué no le cantáis villancicos al Niño Jesús?.

Los tres empezaron a cantar.

Musique .. les notes

El padre sentado en un sillón y apurando su pipa, los contemplaba embelesado.

En ese momento sonó el timbre de la puerta. Los niños dejaron de cantar y la madre fue a abrir, con un gesto de malhumor.

-¡Vaya! ¿Quién será a estas horas? ¡Es que no le dejan a uno vivir en paz!

En el umbral de la puerta se dibujaba una pequeña silueta. Era Luis, un niño de once años, que la familia conocía de verle por la calle. Tenía la cara pálida a causa del frío, pues no llevaba apenas ropa, pese a que estaba cayendo una nevada bastante regular. Su mirada suplicante, lastimosa, triste, no tenía nada que ver con la fiesta que esa noche se celebraba.

No hace falta decir que Luis vivía en una de las chabolas del otro lado de la carretera.

-Buenas noches, señora.. –saludó con voz temblorosa.

-¿Se puede saber qué quieres a estas horas? –preguntó ella, no con mucha amabilidad.

-Es que… verá usted. Mi madre está muy enferma, y no tenemos nada para cenar esta noche. Mis hermanos pequeños están llorando y mi madre me ha dicho que viniera aquí, porque como ustedes son tan buenas personas…

-¡Claro! Como somos muy buenas personas te daríamos cena para todos ¿verdad? –le interrumpió la señora, cada vez con un tono más agrio.

-Sí, señora… -contestó el chico con mucha vergüenza.

Mientras oía esta conversación, Mari Carmen jugueteaba con al figura del Niño Jesús que tanto le gustaba. Su madre mientras decía:

-¿Y no le da vergüenza a tu madre molestar a las familias honradas, como nosotros?¿Es que tu padre no se puede ganar la comida como hace todo el mundo?

-Señora, mi padre no está en casa esta noche. Esta mañana han venido unos guardias y… y…

-¿Y qué?

-Y se lo han llevado a la cárcel.

-¡Claro! Si ya sabíamos que era un golfo. ¡Así tenía que acabar!

-¡Mi padre no es un golfo! –gritó el chico- ¡Es mentira!.

-¡Ah! ¡Encima me vas a gritar? ¡Fuera de aquí! Sois una familia de ladrones… Tu padre igual que tu madre.

-¡No es verdad!.

El niño bajó la cabeza. Su rostro reflejaba dolor, vergüenza y rabia a la vez. Cuando la volvió a levantar, la puerta se había cerrado ante él. Estuvo así uno segundos. Luego comenzó a bajar lentamente las escaleras.

Hiver ... belle image

Fuera seguía nevando. El frío era muy intenso. Pero él casi no lo notaba. Su mente infantil estaba llena de pensamientos tristes. Pensaba en su madre enferma, en su padre, en sus hermanos… Iba a cruzar la carretera, pero no veía nada, pues tenía los ojos anegados de lágrimas.

Mientras en el piso, la familia ya estaba cenando. La pequeña preguntó:

-Mamá, creo que te has comportado mal con Luis.

Enfant ...

-No pienses en eso Mari Carmen. Son personas malas que además de todo lo que hacen vienen a molestar a la gente honrada. Tú, cena y no te preocupes.

La niña siguió cenando, pero no quedó muy convencida. En ese momento, se oyó en la calle un frenazo y un golpe seco. El padre comentó:

-Esos chalados… ¡Hasta en Nochebuena corren como locos!

Noël .. Belle image

Tras ese comentario la cena siguió con normalidad. Después comieron, vieron la televisión… A la hora de acostarse, la niña fue a despedirse de “su” Niño Jesús. Pero…

-¡Mamá! ¡Papá! ¡El Niño Jesús no está…! ¡Y su cunita tiene manchas de sangre!

Todos rodearon el Belén. Lo que la niña había dicho era verdad, y no acertaban a comprender qué había ocurrido.

Quizá lo habrían podido entender si se hubieran asomado a la terraza. Habrían podido ver que sobre la calzada yacía el cuerpo sin vida de un niño de 11 años, que se llamaba Luis. Había cruzado sin mirar y un coche lo había atropellado.

Ese año, del nacimiento de Jesús a su muerte en el calvario habían transcurrido sólo unos segundos. Sí, porque cuentan los que le recogieron que, junto a su cuerpo, encontraron la figura de un Niño Jesús ensangrentada.

Pero dejemos de hablar de las chabolas, del Niño Jesús, de los pisos nuevos, de la autopista, de Luis, de Mari Carmen, porque todo esto no es nada más que un cuento, ¿verdad? ¿O quizás es algo más que un cuento de Navidad y todos los años el Niño Jesús muere en chicos como Luis…?

Spiritualité .... Nativité

Sacado de la Red




22.12.16 19:00




¿CÚANDO BRILLAN MÁS LAS ESTRELLAS ?


 
Dindón era un duendecito alegre y preguntón. Todo lo conmovía y maravillaba. Era sensible y muy curioso además. Preguntaba todo el tiempo y no sólo eso, si la respuesta no le conformaba, preguntaba una y otra vez, una y otra vez.


Dindón vivía con sus papás, sus hermanitas y su abuelo Dondón. El abuelo era muy, pero muy viejito. Tenía muchísimos más años de los que Dindón podía imaginar pues –se dice- los duendes viven mucho. Como era tan viejito, Dondón casi no veía, a pesar de sus gruesos anteojos y caminaba con muchísima dificultad por más que se ayudara con su bastón. Nieto y abuelo eran grandes amigos. El pequeño notaba que su abuelo cada día podía hacer menos cosas.


Sentía que, muy de a poquito, Dondón se iba apagando. Aunque no quería, muchas veces Dindón pensaba que su abuelo algún día ya no estaría con él y algo le decía que no faltaba mucho para que ese momento llegara. Triste y preocupado habló con su mamá. Su mami, tratando de encontrar las palabras justas le explicó al duendecito que en este mundo en el que todos vivimos, nada dura para siempre. Las flores un día se marchitan, las hojas de los árboles pasan de ser verdes a ser ocres y caen, los ríos pueden secarse, y las personas mueren.

Eso era justo lo que Dindón no quería escuchar, pero era la verdad y su mamá no podía, ni quería mentirle. Hay pocas cosas Dindón que siempre nos acompañarán. Una de ellas es el alma de las personas que amamos y se han ido, el amor que les hemos tenido y ellos nos han tenido a nosotros y otra cosas son las estrellas. No es que sean eternas, pero su brillo pareciera eterno y lo es para nuestra corta existencia respecto de la de ellas.

Elfe de la Lune...

Dindón entendió muy bien lo que su mamá le quería decir, pero no le gustó escucharlo. En otro momento hubiese preguntado algo, pero esta vez prefirió no hacerlo. Nada es eterno Dindón, la naturaleza cambia, las personas se van, por eso es tan importante aprovechar cada momento. Cada pequeño detalle de la vida hay que disfrutarlo, hay que apreciar el brillo de las estrellas cada noche que nos da la vida.

El duendecito guardó en su corazón las palabras de su mamá. Mientras tanto, acompañaba cada momento a su abuelo y compartía todo lo que podía con él. Quería hacerle caso a su mamá y disfrutar cada pequeño momento con su gran amigo del alma, aunque se daba cuenta que esa estrella se iba apagando poco a poco.

Le soleil brille malgré le vent...

No es fácil entender que alguien no va a estar nunca más con nosotros y más para un niño, pero es así, la muerte es parte de la vida. Para poder comprender ciertas cosas, hay que verlas con amor, por más que duelan.

Lo que realmente debemos entender es que la persona que nos deja, lo hace sólo físicamente y que su amor, su alma y su brillo seguirán por siempre en nuestro corazón. No es que por eso no los vayamos a extrañar, pero sin duda un poquito menos dolerá su ausencia.

El tan temido día llegó. Dondón partió de este mundo, dejando a Dindón con un gran vacío en su corazón. Dondón no se fue triste, por el contrario, había vivido una muy larga y linda vida. Había amado, se había sentido amado por los demás, había apreciado el aroma de las flores, la frescura del césped y el brillo de las estrellas también. Al duendecito le costó mucho aceptar la ausencia de su abuelo, pero intentó ayudarse con las palabras que su mamá le había dicho y él había atesorado en su corazón.

Cada noche, desde que su abuelo había muerto, Dindón miraba el cielo. Cada noche, desde que Dondón se había ido, notó lo mismo: había una estrella que brillaba más que las demás, como si fuera nuevita, recién estrenada.


El pequeño no entendía que tenía que ver esa estrella nueva con la muerte de su abuelo y le preguntó a su mamá: ¿Cuándo brillan más las estrellas? Su mamá parecía que podía leer el corazón de Dindón y con su dulce voz le explicó. Hijito, hay muchas clases de estrellas, todas bellas y cada cual con un brillo particular. Cada persona en sí es una estrella, su alma lo es. A veces la vida, con sus idas y venidas, no nos permite brillar con toda nuestra plenitud. Sin embargo, cuando un alma buena se ha ido, no hay otro lugar posible para ella que no sea el cielo y allí es donde puede brillar más que nunca.



30.12.16 16:05




EL HADA DE LA NAVIDAD


Spiritualité ... Nativité

Esta historia ocurrió en Belén, justo el día en que nación el niño Jesús:

Muchos eran los seres mágicos que se engalanaban para asistir a un evento tan importante.

Los unicornios hacían brillar sus cuernos, el fénix lucía un hermoso color rojo, los ogros parecían menos ogros, los duendes se vestían con preciosos trajes verdes, las hadas ayudaban a los pastorcitos a arreglar al ganado y a los árboles a adornarse con bellas flores. Los Reyes Magos eran ayudados por los elfos a cargar los camellos de Melchor, los caballos de Gaspar y el elefante del rey Baltasar. Las sirenas inventaban bellos villancicos.

Imaginaire ... sirène

Sin embargo, había un pequeño ser que no embargaba tanta alegría. Era una pequeña niña, del tamaño de un pulgar, que lloraba triste en el arrollo. El ángel que anunciaría el nacimiento del niño Dios, la oyó llorar y le preguntó:

-¿Que te pasa, pequeña?, ¿por qué lloras tan desconsolada?

Rouge  ... belle image  .. fillette

Y la niña le contestó:

– Dios me encargado que le busque un regalo para el niño y no sé que puedo hacer. No tengo magia, no sé volar, no puedo hacer nada.

– Si Dios ha confiado en ti, es porque puedes hacerlo.- Le contestó el ángel.

Rose .. ange

La niña sonrió y dijo:

– Aunque nada soy, corazón tengo y prometo que intentaré hacerle un regalo al niño.

El valor y la voluntad que vio el ángel le conmovió y le regaló a la niña una de sus plumas . Cuando la niña la cogió, la pluma desapareció y le brotaron dos preciosas alas.

Divers ... écriture  ...

Merina, que así se llamaba la niña, echó a volar muy contenta y los brillos que salían de sus alas, se convirtieron en estrellas. Así pues, un hermoso cielo estrellado, se iluminó justo cuando nació el niño.

No contenta con esto, el hada fue a buscar un cascabel y un palito y con su nuevos poderes mágicos los convirtió en un juguete para el niño: su primer sonajero. Este nuevo juguete sirvió a Maria para entretener al niño, cuando el pequeño Jesús lo agitaba, salían miles de estrellas. Y con ayuda de los demás seres mágicos, adornaron todos los pinos del lugar con guirnaldas y bolitas de colores.

Noël ...

Así pues, todos los seres mágicos y no mágicos, adoraron al niño, le dieron sus regalos, y bautizaron a aquella niña con tanta voluntad, como el Hada de la Navidad. Ella es la que se mete en el sueño de los niños, regalándoles dulces cuentos, y la que cuida y protege a todos los niños del mundo.

Blanc ... fée

Es la protectora y la que, convertida en estrella, guía todos los años, a los Reyes Magos, casa por casa, donde hay niños.

Por: Miren Sagrario Vidondo Pérez.



26.11.16 17:21




EL ÚLTIMO ÁRBOL


En las afueras de la ciudad vivían un chico y una chica. El guardabosque iba a verlos frecuentemente y siempre les llevaba algo del bosque.

gif fillegif garçon

A veces, los dos niños acompañaban al guardabosque. Recogían las hojas de árboles, agujas de pino y piñas. Luego las dibujaban y colgaban las hojas sobre las paredes del cuarto de estar de su casa.

El viejo guardabosque les contaba muchas historias. Así aprendieron los niños que los abetos crecían en tierras más secas, que los pinos podían vivir en la arena, y que el plátano sufría con los fríos del invierno. Y que el abedul crecía mucho más al norte, en las tierras frías, mientras que el cedro necesitaba las temperaturas templadas de las costas.

Un vieil homme sur un banc à l'Automne...

—El roble puede vivir cien años —les decía el guardabosque mientras caminaba por el bosque

—. Para los pueblos antiguos era un árbol sagrado. Y el cedro aún puede vivir más años. El rey Salomón construyó su templo con cedros. La madera de estos árboles es muy resistente.

Los niños observaron un cedro gigantesco. Su copa sobresalía por encima de los demás árboles.

—Quizá se deba a la resina —continuó el guardabosque

— La resina hace a la madera más duradera. Nuestros antepasados frotaban los pergaminos con resina de cedro para que lo escrito en ellos se conservase durante muchísimos años.

Se detuvo un momento.

—Antes, los cedros crecían junto al Mediterráneo. En Arabia y en el norte de África había bosques de cedros. Pero los hombres acabaron con ellos. Un día, el alcalde fue a visitar a los niños y vio todos los dibujos que habían hecho. En todas las paredes había dibujos.

—Es la mejor manera de conocer el bosque —dijo satisfecho. Luego, se dirigió al guardabosque:

—En la ciudad hay que construir un nuevo puente. ¿Cómo andas de madera?

Les couleurs de l'Automne sur le parc...

El guardabosque sacudió la cabeza.

—Los retoños aún son muy jóvenes y un puente necesita mucha madera. Tendremos que esperar. El alcalde estuvo de acuerdo. Luego, dijo a los niños:

—El bosque nos ayuda a vivir. Por mucho que utilicemos su madera, el bosque no se acaba. ¿Sabéis por qué? Los niños no lo sabían. El alcalde sonrió.

—Porque quien tala un árbol tiene que plantar otro nuevo. Así lo hemos hecho durante muchos años.

El viejo guardabosque asintió.

—Sí, aunque no siempre fue así —dijo.

Y rellenó su pipa, la encendió con una rama fina y comenzó a contar:

gif arbre

«Hace muchos, muchos años, en las afueras de la ciudad vivían dos niños. La niña se llamaba Lea y el niño, Said. Se parecían mucho a vosotros. Vivían en una cabaña y recorrían juntos el bosque. Con el tiempo llegaron a reconocer las diversas especies de árboles. Aprendieron que las agujas de los pinos son más claras que las de los abetos y que cuelgan de las ramas de dos en dos.

Descubrieron que las agujas de los abetos no duran eternamente, sino que se caen a los pocos años, pero vuelven a crecer otras nuevas. Y que las agujas de los cedros, verde oscuras como las de los abetos, no se caen nunca. Said y Lea estaban asombrados. ¡Qué distintos eran unos árboles de otros! Y entonces empezaron ellos mismos a plantar árboles.

Todos los días iban al bosque. Arrancaban con cuidado los pequeños árboles que crecían salvajes entre los grandes troncos y los plantaban en su jardín. Estaban contentos. Se sentían como profesores de una escuela de árboles. Y cuidaban de que sus alumnos no crecieran torcidos.

automne

Por las tardes, cuando el sol rozaba el horizonte, llenaban unas grandes regaderas y daban agua a sus protegidos. Un día, al atardecer, los niños vieron que tres hombres cruzaban el puente. Los tres forasteros fueron a la plaza del mercado y dejaron sus sacos. Dentro había pesados collares de oro y adornos brillantes. Rodaron por todas partes pulseras con ámbar incrustado, perlas, corales y nácar. La gente sintió curiosidad.

Bijoux ... bague

¿Qué querrían los comerciantes a cambio de aquellos tesoros?

—Nada de particular, sólo madera —dijeron los extranjeros—. Pero mucha, toda la que podáis conseguir. Si traéis mucha, os daremos aún más joyas. Y también hemos pensado en los niños —añadieron sonrientes—.

Tenemos peladillas, chocolate, caramelos y azúcar cande. La gente miraba aquellos adornos tan caros y todos estaban como hechizados. Brindaron con los extranjeros y bailaron y cantaron sin parar durante toda la noche.

Musique  .. danse

Al día siguiente empezaron a trabajar. Los árboles, unos tras otros, fueron cayendo al suelo. Los golpes de las hachas retumbaban por el bosque. Los tres forasteros estaban contentos. Repartían el oro y la plata y se llevaban la madera.

Así pasó una semana y otra. En el bosque empezaron a aparecer claros y algunas colinas ya se veían peladas. Pero nadie se daba cuenta. Ni nadie tenía tiempo para plantar nuevos retoños. La tierra se volvió áspera y seca. Los arroyos llevaban poca agua y sólo llovía de vez en cuando.

A medida que el bosque clareaba, las arcas de la gente se llenaban de oro, plata, piedras preciosas y alhajas. Los cuellos de las mujeres se doblaban bajo el peso de los collares. Los dientes de los niños ya estaban amarillos, azules, verdes y negros de tantas golosinas. Hacía ya mucho tiempo que Said y Lea habían tirado sus caramelos.

Todas las noches recogían el rocío en unos grandes pañuelos que extendían sobre el suelo. Con el rocío y la poca agua que aún salía de la fuente regaban con cuidado los jóvenes arbolitos de su jardín.

En el lugar en donde antes crecía el bosque, ahora el suelo estaba árido. Y si alguna vez llovía, el agua se evaporaba enseguida. Los pájaros no encontraban sombra alguna y caían extenuados al suelo. Pero la gente seguía cortando madera… Un día, todos se encontraron alrededor de un gran árbol. Iban a empezar con sus sierras y sus hachas, cuando se dieron cuenta de que se trataba del viejo cedro.

arbre

El bosque que antes lo rodeaba había desaparecido por completo. El gran cedro era el último árbol que les quedaba. Las colinas se erguían peladas. Detrás se divisaba el desierto.

La gente se asustó.

— ¡Hemos acabado con nuestro bosque! —gritaron—. ¿Qué vamos a hacer ahora?

Pero nadie sabía la respuesta. La tierra se había secado y estaba cuarteada. Un suave vientecillo trajo granos de arena. Las arenas se acercaban cada vez más. Se extendían por todos los alrededores. Se apilaban al pie del cedro.

Amenazaban con invadir la ciudad. Las gentes se arrancaron los collares de perlas de sus cuellos: ¡eran bolas de cristal! Abrieron los cofres: ¡el oro se había convertido en metal corriente; la plata, en mica! Todos estaban rabiosos.

Esperaron a que volvieran los extranjeros, pero éstos no regresaron. A lo lejos, los mercaderes contemplaban lo que quedaba del bosque. Se reían. Tenían la madera y con ella podrían construir muchos barcos. No les importaba que la ciudad se hundiera en la arena. Volvieron la espalda y empezaron a huir. Pero eso no fue fácil: había arena por todas partes.

De repente empezaron a hundirse en una duna. Cada vez se hundían más. Y pronto no quedó de ellos más que un sombrero.

— ¿Qué debemos hacer? —preguntó la gente, ansiosa.

— ¿Cómo podríamos salvarnos del desierto? Entonces Said y Lea les dijeron:

—Tenéis que plantar de nuevo. En nuestro jardín crecen árboles de todas las especies. Podemos trasplantarlos. Empezaremos con los pinos y los cedros, pues la arena no les impide crecer. Y cuando la tierra se haya asentado, traeremos los demás árboles y los plantaremos junto a ellos. Luego recogeremos sus semillas y las enterraremos en el suelo. Con el tiempo tendremos un pequeño bosque. Y volverán a caer el rocío y la lluvia. Pero para eso aún falta mucho tiempo. Primero tenemos que regar los árboles pequeños por la noche, mientras haya agua en la fuente.

La gente admiró a los niños. E hicieron lo que Said y Lea les habían aconsejado. Trabajaron día y noche. Y por fin volvió a llover. Y después de muchos meses lograron tener un pequeño bosque.

Los vecinos respiraron. ¡La ciudad estaba salvada! ¡El bosque crecía! Un día, las gentes llegaron a la cabaña de madera situada al extremo de la ciudad. Despertaron a Said y a Lea y los llevaron al bosque. Allí les dieron las gracias y prometieron cuidar el bosque con cariño. Todos comieron, bebieron y bailaron alrededor del cedro.

Y han cumplido su promesa hasta el día de hoy.»

El viejo guardabosque vació su pipa. El alcalde miró pensativo el fuego. Los dos niños callaban. Luego, preguntaron al guardabosque con curiosidad:

 

— ¿Quiénes fueron Said y Lea? ¿Los conociste?

El guardabosque sonrió.

—Sí, claro, fueron mis abuelos.

Pluie sur la maison du lac...

Fin

Štĕpán Zavřel




22.8.16 16:15




UN ÁNGEL DIFERENTE


En el cielo había un ángel que soñaba. Dicho así, podría parecer normal, porque acá en la tierra todos soñamos. Soñar, realmente, parece ser bastante fácil…nos recostamos en cualquier parte…y dormidos o despiertos simplemente nos dejamos llevar por la imaginación.

Blanc ... belle image .. ange

Habitualmente soñamos con ganarnos la lotería… ¡cuántas veces lo hacemos!… o con tener un carro o una mansión. Nosotros los humanos, siempre estamos soñando.
Pero esto no ocurre con los ángeles. Los ángeles solo son ángeles. Esto implica estar ocupados todo el tiempo en los asuntos de Dios y no deben distraerse de tales menesteres.
Pero aquél ángel soñaba. Por éste motivo era un ángel diferente.
¿Y qué tipo de cosas podría soñar un ángel?…bueno, nuestro ángel deseaba comer fresas. Ah, porque allá en el cielo los ángeles no necesitan comer. Tampoco les da sed, tienen el agua viva del Señor y la eternidad.
Nuestro ángel, sin embargo, no había superado este pequeño detalle que lo hacía distinto a los demás. Él había estado en la tierra de niño como humano. Recordaba con claridad el barrio soleado donde había vivido hasta los doce años. Había sido un muchachito -¡claro!- muy soñador que vendía cambures y mangos a la orilla de una gran autopista donde circulaba mucha gente. Pero en aquél tiempo, él hubiera preferido vender fresas que le parecían mejores.

des fraises pour mon cowboy

Las fresas eran rojas, húmedas, jugosas y no se cultivaban en su patio. Siempre le parecieron inaccesibles. Cambures y mangos había en todas partes…eran dulces, sabrosos, si…pero los podía comer todos los días. En cambio las fresas… ¡bueno!… las fresas eran otra cosa.

Una mañana, vio del otro lado de la autopista un camión, descargando grandes cajas de anime. Resaltaba el color blanco contra el sol y contrastaba su rojo contenido. No podía creerlo, eran fresas. Grandes y hermosas fresas. Tenía que tomar dinero de su venta de mangos para comprarlas.
Pero los carros no dejaban de pasar y el camión se iba. Debía darse prisa.
Y se hizo una gran oscuridad.
Su último recuerdo fue, el billete arrugado en su mano y la suave comodidad de las nubes donde abrió los ojos.
Ahora era un ángel supervisor. Estaba encargado de vigilar la oración de los pequeños ángeles de su nube. Y menos mal que éstos eran muy disciplinados, porque le habían evitado muchos malos ratos por descuido.

Ange ... belle image

Y es que por soñar, a veces dejaba pasar errores.
Una noche, nuestro ángel soñó que había fresas en la luna. Con los ojos cerrados, saboreó las bellas frutas que eran. tal como las recordaba…rojas, dulces, jugosas.
Fueron horas de deleite. Aquellas fresas eran mejores que las del camión de la autopista. Más grandes. Más perfumadas.
Y la luna fue perdiendo su forma redondeada.
Alarmados, los ángeles que estaban en la fila dispuestos para orar titubearon, vacilaron un instante.
Pero El Señor permaneció tranquilo. No importaba que la luna cambiara de forma, también así le gustaba. Su ángel por fin dejaría de soñar y sería totalmente feliz. Él lo amaba tanto que lo perdonaría.
Porque Dios, ése Padre Bueno que está en todas partes, desea que nosotros, sus hijos, estemos contentos y sólo nos pide a cambio que confiemos en Él, que seamos fieles a sus mandamientos y mantengamos limpio el corazón.
Fue una noche de fiesta. La luna se escondió. Ahora el día, radiante, está iluminado. Si cierras los ojos un instante, podrás oír el canto de oración del angelito que soñaba, diciendo: GLORIA A DIOS.

Spiritualité ...  Jésus

Susana del Rosal



16.8.16 18:50




EL CRÁTER DE LAS MARIPOSAS



Animaux ... Papillons & orchidée

Me dice la luna que no toque con las manos las alas de las mariposas, no importa que las tenga muy bien lavadas porque, solo el contacto de las yemas de los dedos con esas membranas de múltiples colores, las estropearía. “Imposible volar sin ese polvillo mágico que cubre sus alas”, escuché una vez.

animaux papillons

Cuando esta frase revoloteó un buen día por mi corazón pensé que un duende malvado se estaba burlando de mí. Ahora sé que no era una broma. Las alas de las mariposas son el principal motivo para que exista el personaje que ahora te voy a presentar: El hada de las mariposas.

Animaux ...Fée & Papillons

Vive y crea ese polvillo de hadas en el cráter de las mariposas. Se sienta cada día en una plataforma redonda y giratoria, eleva los brazos y, chasqueando los dedos mientras cierra los ojos, va formando a su alrededor ese polvo de hadas que se utiliza para tantas cosas. Ni que decir tengo que ese polvo de hadas se presenta en nuestras vidas para barnizar los momentos; de color hermoso, de magia, de maravillas y, aunque la mañana esté triste, de buenos días y alegrías.

Entro muy despacio en el cráter para no asustarlas, a las mariposas, y me doy cuenta en cuanto entro de que están todas dormidas. Me quedo mirando y calculo que habrá una de cada especie porque todas son distintas, unas 80.000 mariposas más o menos. En una sala blanca que veo en el fondo está sentada ella, el hada, parece que también está dormida, no sé qué hacer.

Papillons et fée

De pronto escucho una campanada y en ese momento, todas, absolutamente todas las mariposas abren los ojos y comienzan a volar. El hada también se despierta y comienza un hermoso ritual. Mientras juega con sus dedos todo se llena otra vez de polvo de hadas y las 80.000 mariposas salen del cráter para colorear el mundo.

El cráter queda vacío, solo quedamos el hada y yo, bueno y el polvo de hadas, pero éste no se puede ver aunque se siente, lo percibes como un pequeño mareo y escuchas una lejana música de campanillas. De repente se abre un pequeño agujero en el suelo y entran más o menos otras 80.000 mariposas, son mariposas nuevas sin color en las alas, transparentes como el agua.

Papillons  ...

No vuelan, entran caminando y en estricta fila india hasta que en un momento el blanco suelo del cráter simula una alfombra incolora llena de cuerpos y patas. El hada, sin levantarse, vuelve a cerrar los ojos. Las mariposas también.

Todos sentimos ahora como el mágico polvo de hadas se va depositando en las alas de las mariposas para llenarlas de dibujos de múltiples colores, incluso de formas y espesuras tan dispares que no encontrarías cosa igual ni en los mismísimos mares.

Ahora, como ya os conté, todas duermen durante un rato, hasta que las nuevas 80.000 futuras mariposas estén a punto de entrar en el cráter. Me voy asombrada del cráter, en silencio, el silencio es necesario para este proceso, quizás por eso ni he intentado hablar con el hada.

animaux papillons

Busco un bosque porque quiero verlas de nuevo, el guardián de los bosques aparece y pronto me lleva hasta el más cercano. Juego con ellas, no os imagináis lo que es jugar con 80.000 mariposas a tu alrededor, es increíble, eso sí, ni se me ocurre tocarles las alas.

Estiro los brazos y dejo que sean ellas quienes se posen sobre mí y me toquen. He sentido de nuevo un pequeño mareo y escucho una lejana música de campanillas.

Or ... Belle image

Kike el duende, escritor español.




12.8.16 16:20




EL REGALO MÁGICO DEL CONEJITO POBRE


Lapin ...

Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas.“Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas” El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.

 Jaune  ... jolie fleur!

Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar.“Dame algo, por favor”, le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja.

 giga gifs IV

Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.

 

Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dió a él.

 Enfant  ...  tendresse

 En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!
 

Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos.

Lapin ...

Pedro Pablo Sacristán



10.7.16 22:17




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