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Un Mundo de Fantasía





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EL HADA DEL FARO



Nuit, lune et rêveries

El hada recordaba al faro. Ese faro tan anciano y tan niño, triste y jovial, respetable e intrépido. Aquel faro que permanecía erguido, frente a las olas, a pesar del transcurrir de los tiempos.

Si cerraba sus enormes y acaramelados ojos volvía a dejarse mecer por aquella refrescante brisa de verano: creación de silfos para el disfrute de mortales, aves y cangrejos. Bajo sus pequeños, anchos y feos pies, allá, a lo lejos, de nuevo, la oscura arena, la espuma blanca y la vacía quietud de la cantarina caracola reinaban sobre las voces de hombres y mujeres, ávidos de hasta el más leve de los rayos solares.

Rascasses et autres poissons évoluant dans les fonds marins

La playa bullía de gentes sin historias, de cuerpos con almas dormidas y de niños con mentes despiertas. El ruido que producían era tan ensordecedor que, incluso, molestaba a las sordas lapas de las rocas. Sin embargo, allí arriba, sentada sobre el ojo durmiente del vigilante de piedra, se confundía con el romper de las olas y llegaba a asemejarse, siquiera por un instante, con el hipnótico canto de sus amigas sirenas.

Imaginaire  ... sirènes

Entonces respiraba muy hondo y, como si el reloj de las estaciones hubiese cesado su continuo caminar, se topaba, una vez más, con „los soñadores del mar“. Ella les había bautizado de esa forma cuando, al escuchar los relatos de su abuela, ésta siempre terminaba por recurrir a las historias de los hombres que se creían peces. Sólo bajo el embrujo de esos extraños seres lograba que se durmiera quieta, serena, entre la magia de sus acogedores y robustos brazos.

Cétacés ... Dauphins  ... Belle image

Externamente parecían otros hombres cualquiera: una cabeza, dos manos, un par de piernas, dos líneas de dientes…Pero bajo esa apariencia, en realidad, se escondían simpáticas fulas, enigmáticos caballitos de mar, preciosas gorgonias y llamativos corales.

Cada día, sin llamar la atención, se dedicaban a sus quehaceres aburridos y rutinarios. Cada noche, al acostarse, regresaban, oníricamente, a ocupar el lecho de algas que tanto ansiaban y al que, sin duda,pertenecían. Siempre aparecían de improviso y, al instante, se destacaban de entre los demás usuarios de la playa. Desde bien lejos se podía escuchar su maravilloso silencio al ir avanzando sobre la arena, ajenos a todo lo que sucedía alrededor de sus solitarias figuras. Mientras el resto se intentaba deshacer, rápidamente, de casi todos sus ropajes, ellos, de forma pausada, se vestían con esa nueva piel de tersa negritud, que les otorgaba la capacidad de volver a sentir cómo la escamas del recuerdo reverdecían por sus adentros. Luego, se montaban en el pequeño bote y huían de aquella caótica e infernal costa, hasta dar con el lugar exacto donde volver a ser los que siempre han sido.

El hada sonreía al escuchar sus saladas charlas y ser testigo de cómo la ilusión del regreso al hogar perdido se asomaba desde sus nerviosas miradas. Por más que estuviesen acostumbrados a lo que iba a pasar en breves instantes, siempre, la alegría y los nervios los recorrían por entero. Colocadas las singulares aletas y dispuesto el nuevo balcón del mar, en forma de gafas, sólo quedaba aferrarse, esperanzados, al equipo indispensable. Equipo gracias al cual podrían llevarse, con ellos, imágenes del universo al que, en el pasado pertenecieron y del que, ahora, sólo podían disfrutar muy de vez en cuando.

étoiles & planètes

Desconocía la causa, pero sus recuerdos siempre se centraban en aquel adolescente de larga melena castaña. Si no te fijabas bien, podías confundirlo con una guapa joven. Sin embargo, su melosa mirada y su increíble sonrisa te arrastraban hacia corrientes y universos marinos sólo dignos del más noble,experimentado y valiente tritón. Otrora dioses de las aguas, hoy simples mortales, los soñadores del mar, uno a uno, fueron deslizándose entre las olas. Como tan sólo ellos pueden hacer.

Justo en ese preciso momento, la mente del hada y la del aguerrido tritón salvaban distancias, tiempos y medios y, en un instante infinito, se mecían, unidas, al son del ritmo marcado por el propio océano. ¡Cuántas veces soñó con convertirse en un simple bebé humano capaz de asirse a su mano! Tantas como él deseó disponer de un precioso par de alas capaz de elevarle y llevarle hasta ella. El viejo faro parpadeó, despertando de su diario descansar y el hada observó que oscurecía.

La playa se encontraba desierta y las aguas, quietas y calmas, como el vaso de agua que espera a ser besado. Abriendo su mirada hacia la realidad que la envolvía, esbozó una sonrisa al descubrir el reflejo de una nube sobre el agua: un bello delfín de ojos ambarinos la espiaba, divertido. Un escalofrío la estremeció al descubrir el rastro húmedo y salado que su cuerpo había dejado sobre la cristalina membrana del anciano faro.

Junto a su sombra de mar había un pequeño tamboril de cristal. Al girarse, reconoció la ventana que conformaba su hogar y de la que no se había movido desde hacía semanas. Llevando su fea mano derecha hacia el canal de su pecho, acarició al transparente y mágico tamboril que, desde hacía tantos años, pendía de su cuello. Más allá de los sueños, un joven tritón se abrazaba a un precioso par de rojas y coralinas alas.




11.12.16 21:00




CUENTO DE LAS TRES TORONJAS


 Este cuento lo contaban las abuelas de Cartajima.

 Paysage - Phare de l'Île

En un reino muy, muy lejano, hace mucho, mucho tiempo… Vivía un rey bondadoso que amaba a su pueblo, y por este motivo tras la recogida de las aceitunas y su posterior molienda, repartía entre su población ese bien tan preciado llamado aceite, el aceite era llevado en grandes tinajas al centro del patio de armas del castillo, donde los soldados del rey repartían a todos los que guardaban cola portando cacharros que querían llenar de aceite, la cola era un caos empujones, pisotones, todos querían llegar pronto al preciado óleo. 

Una viejecita intentaba en vano que nadie se le colara, pero sus fuerzas no se lo permitían, unas de la veces recibió tal empujón que cayó al suelo, rompiendo el vaso de barro que llevaba, aturdida se levantó y rompió a llorar lamentando tan terrible perdida, que podía hacer ahora sin nada para contener el aceite, por suerte encontró el cascarón de un huevo enorme en el suelo, lo cogió y se puso al final de la gran cola, cuando llego le dijo al soldado: _Póngame un poquito en este cascarón. El soldado le respondió: _No queda señora se ha terminado, ya hasta el año que viene. _Por favor déjeme al menos pasar este pañuelo, por la tinaja para poder luego escurrirlo y recoger algo. Respondió la viejita. El soldado no puso impedimento y la viejita pudo llenar su cascaroncito de aceite, contenta se marchaba a su casa, cuando de pronto, Chaasss… el cascarón se le rompió entre las manos, mirando a todos lados enojada, localizó a un joven en una ventana con un tirachinas, era él, quien le había privado de su preciado aceite, _Maldito, maldito seas, y en las tres toronjas te veas…. 

 


Se escuchó vociferar al chico _Apresad a esa vieja, guardia, apresarla…Era el príncipe. Apresando la guardia a la pobre anciana la llevó ante el príncipe, quien le pidió explicaciones sobre sus maldiciones. _qué significado tiene eso de las tres toronjas, contesta vieja… A lo que esta le contesto: _A varios días de camino, recorriendo valles y traspasando montañas enormes, en la dirección por donde se pone el sol, hay un monte, en su cima un gran naranjo, en el naranjo tres grades naranjas, y ya no te puedo contar más, si resuelves el enigma tendrás mi perdón y serás feliz, si no lo resuelves serás infeliz toda tu vida…
 couleur orange 
 Tonterías, dejarla que se marche_ grito el príncipe con cara de asombro. Pasaban los días y el joven príncipe no dejaba de pensar en la maldición de la vieja, se preguntaba será verdad, no solo será una de esas leyendas de viejos, pero por más que lo intentaba no podía dejar de pensar en ello. Hasta que una noche sin avisar a nadie, cogió el caballo más rápido que tenía y se dispuso a averiguar el enigma. Llevaba tres días de camino, preguntaba a todos lo que encontraba, sobre las tres toronjas, pero nadie sabía nada. Se encontraba cansado ya sin comida, su caballo necesitaba descansar.
 

 Diviso un gran valle con pastos y agua y decidió pasar allí la noche para descansar. Por la mañana lo despertaron los cencerros de un rebaño de cabras que pastaba por allí, se acercó al pastor para preguntarle si conocía el monte del naranjo. Cuando se acercó el pastor con las manos en la cabeza gritaba_ que mala suerte se me ha caído al río mi cuchillo, sin el estoy perdido. 

  

El príncipe la dijo:_ Tanta historia por un cuchillo_ A lo que éste replicó: _ sin él no puedo hacer nada y es mi bien más preciado_ Toma el mío_ Saco el príncipe un hermoso cuchillo con una bonita funda y se lo entrego al pastor. _no, no puedo aceptarlo, es muy valioso_ Bueno, hagamos un trueque, te lo cambio por comida, hace un día que no como_ El pastor cogió el cuchillo entusiasmado, comieron hasta llenar sus barrigas, y el pastor le entregó al príncipe un zurrón con un queso de cabra, un gran pan y una bota de vino. El príncipe le dio las gracias y prosiguió su camino. A las tres días ya sin comida de nuevo, tuvo la suerte de encontrar a unos monjes, quienes no sabían nada del naranjo, paro lo llevaron al convento donde pudo comer pollo asado y pasar la noche en un catre que le pareció la más cómoda de las camas, al alba compro de nuevo víveres a los monjes, y les regalo un gran anillo de piedras preciosas para poder reparar el techo de la abadía, los monjes le desearon la mejor de las suertes en su aventura.

 
  Tras otros tres o cuatro días persiguiendo al sol, comenzó a llover a mares, se refugió en una cueva, y allí pasó otros dos días, cuando cesó de llover todo estaba cubierto por una espesa niebla. Se encontraba cansado, muerto de frío, sin comida… estaba a punto de regresar a casa, cuando de pronto, el viento fue apartando las nubes que quedaban tras la tormenta, y justo debajo del sol pudo ver un gran monte verde, y hasta le parecía divisar en su cima lo que le parecía un gran árbol. 

Sin pensarlo, montó en su caballo y todo la rápido que pudo subió al monte, era un gran naranjo, y con tres hermosas naranjas, _tenía razón la vieja_ . Estuvo un rato mirando el naranjo y sus frutos sin saber qué hacer, entonces arranco una naranja y la miró, como tampoco pasaba nada, comenzó a mondarla y entonces… De la naranja salió una joven preciosa, parecía un ser divino. Y la joven hablo: _¿Tienes Pan?_ le pregunto. _No me queda_ dijo el príncipe. _¿Tienes agua? _ No, tampoco me queda. _Pues entonces me marchó _ tras decir esto la princesa desapareció en medio de un resplandor.
 
  El príncipe sorprendido se froto los ojos, dudando si soñaba o estaba despierto. Decidió entonces arrancar del árbol otra naranja, y comenzó a mondarla, y de nuevo apareció otra joven más bella aunque la primera. Quien le pregunto al rey: _¿tienes pan? _No. Tienes agua? _No, pero por favor no te vayas. _Pues entonces me marcho_ Y diciendo esto desapareció la joven en una luz blanca. El príncipe no se lo creía, estaba aturdido, que podía hacer ahora. Decidió coger su caballo y cabalgar a toda prisa, llegó a una pequeña casa donde cambió su capa por pan y agua y regresó al monte. Cogió la naranja que quedaba, y se dispuso a abrirla cuando de ella salió una joven más bella aun que las anteriores, la que le pregunto: _ ¿Tienes pan? _Si, toma. Le dijo el príncipe ofreciéndole. Comió un poco la joven y le dijo _¿Tienes agua? _Si, Toma. Bebió y poco la joven, y le contó que era una princesa a la que una malvada bruja había hechizado, hasta que viniera un príncipe que siendo bueno la rescatará y se casará con él.
 
  El príncipe sorprendido, la monto a su caballo con el propósito de llevarla a palacio y tomarla por esposa. El camino se le hizo corto, en tres días divisaban el reino, cuando la ida le costó al menos quince días. A la entrada de palacio había una fuente en la que se pararon para beber y asearse un poco, el príncipe miro a la joven, y le dijo: _Mejor voy al palacio, recojo un vestido para ti y un coche de caballos, para que entres al palacio como debes.

A la princesa le pareció buena idea, pero le dijo: _ Que nadie te abrace, pues si alguien te abraza me olvidaras para siempre. Llegó al príncipe a palacio, todos contentos querían abrazarlos por la gran alegría de verlo tras tanto tiempo sin saber de él, el repetía: _ Por favor no tocar, en unos minutos os lo explicaré, todos le hicieron caso, todos menos su abuelita que era un poco sorda, y desoyendo a su nieto, lo abrazó por la espalda, olvidando este a su princesa, quien por miedo se había subido a una gran higuera que había al lado de la fuente.

 Pasaron los días y el príncipe no recordaba nada. Un día una bruja fea, fue a buscar agua a la fuente, y al mirar el agua se vio reflejada y exclamo:_ La gente dice que soy fea, pues yo me veo hermosa. Sin saber que a quien veía era a la princesa, entonces la princesa estornudo, la bruja la vio y la dijo que bajara. Bajo la joven y le contó lo sucedido a la bruja, la bruja lejos de ayudarla le clavo un alfiler en la frente y la convirtió en paloma. Asustada marchó volando. 

La bruja se presentó en el palacio, pidiendo audiencia al príncipe, quien se entrevistó con ella, La bruja le contó que era la princesa del naranjo, que tras tantos días al raso había envejecido, ya que el hechizo solo se rompería tras casarse con él. El príncipe aunque sorprendido decidió casarse con la bruja sin saber que lo era. Se había comprometido con la princesa. El día de la boda, en la ventana de los aposentos del príncipe apareció una paloma, el príncipe se acercó y la tomo en su mano, mirándola vio como la paloma lloraba, queriéndola consolar la acarició suavemente, y acariciándola encontró algo en su frente, tiro y la paloma se convirtió en su verdadera princesa. La princesa la contó el encantamiento de la bruja. 

 sorcière


Apresaron a la bruja y la encerraron de por vida en un molino de aceite, para que no pudiera hacer mal a nadie. Los dos se casaron y fueron felices. Y siguieron repartiendo el aceite de sus campos entre los habitantes de su reino.
 
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10.7.16 22:31




EL HECHIZO DEL BRUJO Y LA MAGIA DEL HADA DEL BOSQUE ENCANTADO


Imaginaire  ...

Érase una vez un reino muy lejano y casi desconocido cuyos habitantes estaban embrujados debido a un hechizo de un brujo malvado el cual les había desprovisto de toda posibilidad de diálogo consigo mismos y con los demás. De esta manera, los habitantes vivían desorientados, totalmente perdidos en sí mismos y con el entorno que les rodeaba, pues eran incapaces de escucharse a sí mismos y a los demás. Por tanto, se sentían vacíos, solos, tristes, vagando en un mundo en les resultaba imposible hablar. Realmente, estaban incomunicados. Se sentían como extraños y desconocían las necesidades de sus congéneres y las suyas propias.

  Divers  ... Larmes

 Eran tantas las lágrimas que derramaban los habitantes de ese reino debido a este embrujo que les robó el sentido de sí mismos, que sus lágrimas solían mezclarse con las gotas de lluvia. La lluvia llegó al bosque y el Hada del Bosque Encantado percibió en la lluvia las lágrimas producto de la desesperación de esas personas. Así que el Hada partió hacia ese reino, no obstante, no pudo hablar con nadie ya que a los habitantes se les había desposeído de la capacidad de comunicarse. Parecían errantes.
Rouge ... belle image ... fée

  Sin embargo, el hada era muy intuitiva y adivinó lo que sucedía, gracias a su clarividencia. La magia del hada no podía superar a la del brujo, sin embargo, gracias a la ayuda de los astros, de los planetas y de las estrellas, ella consiguió que, al menos, los habitantes recuperaran la capacidad de comunicarse consigo mismos. Como los habitantes podían hablar consigo mismos y percibir su ser, empezaron fluir con total libertad y se sintieron ligeros y libres.

 étoiles & planètes

Aunque el hechizo del brujo no pudo ser disuelto totalmente por el Hada del Bosque Encantado pues los habitantes seguían siendo incapaces de comunicarse con los demás, el hecho de que fueran capaces de escucharse y de reconocerse a sí mismos y a sus emociones hizo que, paulatinamente, se comunicaran con los demás. El diálogo, la sintonía y la convivencia en armonía consigo mismos y con los demás, provocó que los habitaren se completaran a sí mismos y que el maleficio del brujo cayera por sí mismo.

 Imaginaire ... fantastique

 Cuando el brujo contempló horrorizado que su hechizo ya no existía, huyó pues no soportó que la felicidad hubiera regresado al reino. El Hada también marchó hacia su reino encantado pero con el agradecimiento de todos aquellos habitantes que desde entonces viven en armonía.

 

  Mª Jesús Verdú Sacases



22.6.16 21:14




EL DUENDE MÁGICO


 giga gifs IV

Cuéntase que un día, mientras Pedro caminaba por la plaza, encontró una cajita de color plateado que tenía muchos dibujitos raros, dibujos que Pedro nunca habría imaginado.

Calladito e intrigado en un banco se sentó, y despacito y con cuidado la tapita le abrió.

giga gifs V

¡Cuál no fue su sorpresa cuando de la cajita un duende se asomó! Inmediatamente al piso saltó, y con un pase mágico de tamaño aumentó.

 elfe

–¡Hola mi buen amigo! ¡Qué salvación! De estar encerrado ya me había cansado. ¿Qué mundo tan extraño es éste que no lo conozco yo?
-Este es mi mundo, ¿y vos de dónde sos?
-Vengo del mundo mágico y busco diversión, de tanto estar encerrado, ahora quiero mucha acción…

E inmediatamente después, con pasitos cortitos, y algún saltito, de la plaza huyó.

Pedro quedó sorprendido, pero enseguida reaccionó, y tras el duende en fuga, corriendo salió.

¡Cuando vio lo que hacía ese duende burlón…! ¡Ponía todos los carteles patas para arriba, los conductores no entendían nada y el lío entre los autos no terminaba nunca! A los semáforos de la esquina, a todos le cambió el color: violeta, azul y naranja; gris, celeste y marrón. La gente nada entendía, todos gritaban, corrían, los autos tocaban bocina.

 giga gifs VI

Pedro, desesperado, y el duendecito seguía contento, saltando de aquí para allá. La ciudad era un caos, los autos no sabían qué hacer: continuar, parar, algunos miraban los carteles con curiosidad, otros escapaban gritando sin parar, nadie entendía nada.

En eso y en medio del samborombóm, un personaje apareció. Su nombre es Merlín, con capucha y bastón, y seriamente a Pedro se dirigió:

–¿Qué es lo que está pasando? ¿Cómo es que se escapó? –dijo Merlín.
-Yo encontré una cajita y le abrí la tapita, salió y ya no paró. –contestó Pedro.
-A ese duende travieso, ya le voy a enseñar que este es un mundo distinto, y que él no lo puede cambiar –acotó Merlín.

 giga gifs IV


A lo que Pedro contestó: -Él no tiene mala intención, sólo lo hace por diversión.

Entonces Merlín se adelantó, tan poderoso, que el pobre duendecito muy quietito se quedó. El mago levantó de pronto su vara, y las palabras mágicas pronunció. Mágicamente todo volvió a la normalidad, los colores el semáforo volvió a recuperar: rojo, amarillo y verde, como tienen que estar. Los carteles de seguridad a su anterior forma por suerte volvieron a estar, y los del duende desaparecieron sin llorar.

–Mejor es que aprendas cómo funciona este mundo. Pedro te puede mostrar todo este lugar, para que sepas que las cosas no están por estar, que todo tiene importancia y es por nuestra seguridad.
Merlín se fue caminando y el duende con Pedro quedó, mirándolo con ojos grandes, aprender le pidió. Entonces Pedro, contento, se dispuso a enseñar, y juntitos se fueron a recorrer la ciudad.

Pedro: -¿Ves esas luces de colores?

Duende: -¡Son para jugar!
Pedro: -¡No! Son para avisarte cuándo podés cruzar. Si cruzás en cualquier momento un accidente podés causar. Mejor es esperar un poquito nada más. Cuando el semáforo está verde tranquilo podés pasar, pero cuando se pone rojo ¡sí o sí hay que esperar!
Duende: -¿Y cuándo está en amarillo?
Pedro: -Es cuando hay que prestar atención y mirar, porque nos avisa que muy alerta debemos estar.
Duende: -¿Y si cambiamos el color?
Pedro: -¡No! ¿No viste lo que pasó? La gente conoce el mensaje, porque conoce cada color.
Duende: -Y frente a ese cartel, que dice “Pare”, ¿tengo que parar y no caminar nunca más? 

Pedro: -No, los conductores tienen que parar, mirar hacia ambos lados, y si nadie viene, pueden continuar.
Duende: -Y… a este señor tan serio yo lo cambié por un poco más de color, una imagen mía sonriendo con una flor.
Pedro: -Sí, pero eso no puede ser, porque ese cartel debe a las personas informar sobre ese determinado lugar.
Duende: -¿Y qué es ese lugar?
Pedro: -Es donde podemos encontrar a los señores encargados de velar por nuestra seguridad.

Y siguieron caminando, Pedro hablando y el duende escuchando.

Andando y andando llegaron a la plaza, y allí se sentaron, en un banquito cercano.

-¿Te gustó lo que aprendiste? –preguntó Pedro al duende.
-Claro que me gustó, ahora entiendo cómo viven los humanos. ¡Con tantos autos y tanta gente se tienen que organizar, y para ello reglas tienen que inventar! –dijo el duende.

 giga gifs IV


-¡Así es!, ¡tal cual!, ¡qué bueno que lo aprendiste, para no hacer nada mal! –contestó Pedro.
-Sí… aunque me gustaría a mi mundo regresar. Esto es lindo, pero prefiero bajo mis árboles pasear. –comentó el duende.

Pedro quedó pensativo, ¿cómo podría ayudar?… Pero en ese momento, justo en ese momento, volvió a aparecer Merlín, y sonriendo se acercó y al duende le preguntó:

–¿Cómo estás mi duendecito? Del castigo de la caja saliste solito, la oportunidad la tuviste y bien lo cumpliste. Tanto has aprendido que el castigo quedó cumplido. Ahora… ¿te gustaría estar en estos momentos en tu hogar? Si querés para allá te puedo llevar.

Ni lerdo, ni perezoso, el duende se levantó, sonriendo le dio las gracias… y de Pedro se despidió. Entonces, Pedro vio asombrado al mago allí parado, abriendo una puerta mágica y secreta hacia el mundo encantado, por la que salieron ambos con una sonrisa en los labios saludando.

Y esta historia de tránsito y magia ya se está terminando. ¡Colorín colorado, este cuento se ha acabado!

 

 elfe

 



2.6.16 16:11




LA SIRENITA


 Sur la côte, près du phare...

 Había una vez… en el fondo del más azul de los océanos, un maravilloso palacio en el cual habitaba el Rey del Mar, un viejo y sabio tritón que tenía una abundante barba blanca. Vivía en esta espléndida mansión de coral multicolor y de conchas preciosas, junto a sus hijas, cinco bellísimas sirenas.


 Jeux de petites sirènes...

Sirenita, la más joven, además de ser la más bella, poseía una voz maravillosa; cuando cantaba acompañándose con el arpa, los peces acudían de todas partes para escucharla, las conchas se abrían, mostrando sus perlas, y las medusa al oírla dejaban de flotar. La pequeña sirena casi siempre estaba cantando, y cada vez que lo hacía levantaba la vista buscando la débil luz del sol, que a duras penas se filtraba a través de las aguas profundas. "¡Oh!, ¡Cuánto me gustaría salir a la superficie para ver por fin el cielo que todos dicen que es tan bonito, y escuchar la voz de los hombres y oler el perfume de las flores!" "Todavía eres demasiado joven". Respondió la madre. "Dentro de unos años, cuando tengas quince, el rey te dará permiso para salir a la superficie, como a tus hermanas".

Sirène réfléchissant sur les rochers...

 Sirenita soñaba con el mundo de los hombres, el cual conocía a través de los relatos de sus hermanas, a quienes interrogaba durante horas para satisfacer su inagotable curiosidad cada vez que volvían de la superficie. En este tiempo, mientras esperaba salir a la superficie para conocer el universo ignorado, se ocupaba de su maravilloso jardín ornado con flores marítimas. Los caballitos de mar le hacían compañía y los delfines se le acercaban para jugar con ella; únicamente las estrellas de mar, quisquillosas, no respondían a su llamada.
 Le dauphin et la sirène...
  Por fin llegó el cumpleaños tan esperado y, durante toda la noche precedente, no consiguió dormir. A la mañana siguiente el padre la llamó y, al acariciarle sus largos y rubios cabellos, vio esculpida en su hombro una hermosísima flor. "¡Bien, ya puedes salir a respirar el aire y ver el cielo! ¡Pero recuerda que el mundo de arriba no es el nuestro, sólo podemos admirarlo! Somos hijos del mar y no tenemos alma como los hombres, Sé prudente y no te acerques a ellos. ¡Sólo te traerían desgracias!" Apenas su padre terminó de hablar, Sirenita le di un beso y se dirigió hacia la superficie, deslizándose ligera. Se sentía tan veloz que ni siquiera los peces conseguían alcanzarla.

 De repente emergió del agua. ¡Qué fascinante! Veía por primera vez el cielo azul y las primeras estrellas centelleantes al anochecer. El sol, que ya se había puesto en el horizonte, había dejado sobre las olas un reflejo dorado que se diluía lentamente. Las gaviotas revoloteaban por encima de Sirenita y dejaban oír sus alegres graznidos de bienvenida. "¡Qué hermoso es todo!" exclamó feliz, dando palmadas. Pero su asombro y admiración aumentaron todavía: una nave se acercaba despacio al escollo donde estaba Sirenita.
 Mer ... belle image
  Los marinos echaron el ancla, y la nave, así amarrada, se balanceó sobre la superficie del mar en calma. Sirenita escuchaba sus voces y comentarios. "¡Cómo me gustaría hablar con ellos!". Pensó. Pero al decirlo, miró su larga cola cimbreante, que tenía en lugar de piernas, y se sintió acongojada: "¡Jamás seré como ellos!". A bordo parecía que todos estuviesen poseídos por una extraña animación y, al cabo de poco, la noche se llenó de vítores: "¡Viva nuestro capitán! ¡Vivan sus veinte años!". La pequeña sirena, atónita y extasiada, había descubierto mientras tanto al joven al que iba dirigido todo aquel alborozo.

Alto, moreno, de porte real, sonreía feliz, Sirenita no podía dejar de mirarlo y una extraña sensación de alegría y sufrimiento al mismo tiempo, que nunca había sentido con anterioridad, le oprimió el corazón. La fiesta seguía a bordo, pero el mar se encrespaba cada vez más. Sirenita se dio cuenta enseguida del peligro que corrían aquellos hombres: un viento helado y repentino agitó las olas, el cielo entintado de negro se desgarró con relámpagos amenazantes y una terrible borrasca sorprendió a la nave desprevenida. "¡Cuidado! ¡El mar…!" En vano Sirenita gritó y gritó. Pero sus gritos, silenciados por el rumor del viento, no fueron oídos, y las olas, cada vez más altas, sacudieron con fuerza la nave. Después, bajo los gritos desesperados de los marineros, la arboladura y las velas se abatieron sobre cubierta, y con un siniestro fragor el barco se hundió.
Pirate  ...

 Sirenita, que momentos antes había visto cómo el joven capitán caía al mar, se puso a nadar para socorrerlo. Lo buscó inútilmente durante mucho rato entre las olas gigantescas. Había casi renunciado, cuando de improviso, milagrosamente, lo vio sobre la cresta blanca de una ola cercana y, de golpe lo tuvo en sus brazos. El joven estaba inconsciente, mientras Sirenita, nadando con todas sus fuerzas, lo sostenía para rescatarlo de una muerte segura. Lo sostuvo hasta que la tempestad amainó. Al alba, que despuntaba sobre un mar todavía lívido, Sirenita se sintió feliz al acercarse a tierra y poder depositar el cuerpo del joven sobre la arena de la playa. Al no poder andar, permaneció mucho tiempo a su lado con la cola lamiendo el agua, frotando las manos del joven y dándole calor con su cuerpo. Hasta que un murmullo de voces que se aproximaban la obligaron a buscar refugio en el mar. "¡Corred! ¡Corred!" gritaba una dama de forma atolondrada. "¡Hay un hombre en la playa!" "¡Está vivo! ¡Pobrecito! ¡Ha sido la tormenta…! ¡Llevémosle al castillo!" "¡No!¡No! Es mejor pedir ayuda…"
Un visage parfait...

La primera cosa que vio el joven al recobrar el conocimiento, fue el hermoso semblante de la más joven de las tres damas. "¡Gracias por haberme salvado!" Le susurró a la bella desconocida. Sirenita, desde el agua, vio que el hombre al que había salvado se dirigía hacia el castillo, ignorante de que fuese ella y no la otra, quién lo había salvado. Pausadamente nadó hacia el mar abierto; sabía que, en aquella playa, detrás suyo, había dejado algo de lo que nunca hubiera querido separarse. ¡Oh! ¡Qué maravillosas habían sido las horas transcurridas durante la tormenta teniendo al joven entre sus brazos! Cuando llegó a la mansión paterna, Sirenita empezó su relato, pero de pronto sintió un nudo en su garganta y, echándose a llorar, se refugió en su habitación.

Días y más días permaneció encerrada sin querer ver a nadie, rehusando incluso hasta los alimentos. Sabía que su amor por el joven capitán era un amor sin esperanza, porque ella, Sirenita, nunca podría casarse con un hombre. Sólo la Hechicera de los Abismos podía socorrerla.
 La sirène et le vaisseau fantôme...
Pero, ¿a qué precio? A pesar de todo decidió consultarla. "¡…por consiguiente, quieres deshacerte de tu cola de pez! Y supongo que querrás dos piernas. ¡De acuerdo! Pero deberás sufrir atrozmente y, cada vez que pongas los pies en el suelo sentirás un terrible dolor." "¡No me importa" respondió Sirenita con lágrimas en los ojos, "a condición de que pueda volver con él!" "¡No he terminado todavía!" dijo la vieja." Deberás darme tu hermosa voz y te quedarás muda para siempre! Pero recuerda: si el hombre que amas se casa con otra, tu cuerpo desaparecerá en el agua como la espuma de una ola. "¡Acepto!" dijo por último Sirenita y, sin dudar un instante, le pidió el frasco que contenía la poción prodigiosa. Se dirigió a la playa y, en las proximidades de su mansión, emergió a la superficie; se arrastró a duras penas por la orilla y se bebió la pócima de la hechicera. Inmediatamente, un fuerte dolor le hizo perder el conocimiento y cuando volvió en sí, vio a su lado, como entre brumas, aquel semblante tan querido sonriéndole.
Pirates  ...

El príncipe allí la encontró y, recordando que también él fue un náufrago, cubrió tiernamente con su capa aquel cuerpo que el mar había traído. "No temas" le dijo de repente, "estás a salvo. ¿De dónde vienes?" Pero Sirenita, a la que la bruja dejó muda, no pudo responderle. "Te llevaré al castillo y te curaré."
Durante los días siguientes, para Sirenita empezó una nueva vida: llevaba maravillosos vestidos y acompañaba al príncipe en sus paseos. Una noche fue invitada al baile que daba la corte, pero tal y como había predicho la bruja, cada paso, cada movimiento de las piernas le producía atroces dolores como premio de poder vivir junto a su amado. Aunque no pudiese responder con palabras a las atenciones del príncipe, éste le tenía afecto y la colmaba de gentilezas.
 Musique .. Danse ... Belle image
  Sin embargo, el joven tenía en su corazón a la desconocida dama que había visto cuando fue rescatado después del naufragio. Desde entonces no la había visto más porque, después de ser salvado, la desconocida dama tuvo que partir de inmediato a su país. Cuando estaba con Sirenita, el príncipe le profesaba a ésta un sincero afecto, pero no desaparecía la otra de su pensamiento. Y la pequeña sirena, que se daba cuenta de que no era ella la predilecta del joven, sufría aún más. Por las noches, Sirenita dejaba a escondidas el castillo para ir a llorar junto a la playa.

Pero el destino le reservaba otra sorpresa. Un día, desde lo alto del torreón del castillo, fue avistada una gran nave que se acercaba al puerto, y el príncipe decidió ir a recibirla acompañado de Sirenita. La desconocida que el príncipe llevaba en el corazón bajó del barco y, al verla, el joven corrió feliz a su encuentro. Sirenita, petrificada, sintió un agudo dolor en el corazón. En aquel momento supo que perdería a su príncipe para siempre. La desconocida dama fue pedida en matrimonio por el príncipe enamorado, y la dama lo aceptó con agrado, puesto que ella también estaba enamorada. Al cabo de unos días de celebrarse la boda, los esposos fueron invitados a hacer un viaje por mar en la gran nave que estaba amarrada todavía en el puerto. Sirenita también subió a bordo con ellos, y el viaje dio comienzo. Al caer la noche, Sirenita, angustiada por haber perdido para siempre a su amado, subió a cubierta.

 
 Recordando la profecía de la hechicera, estaba dispuesta a sacrificar su vida y a desaparecer en el mar. Procedente del mar, escuchó la llamada de sus hermanas: "¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Somos nosotras, tus hermanas! ¡Mira! ¿Ves este puñal? Es un puñal mágico que hemos obtenido de la bruja a cambio de nuestros cabellos. ¡Tómalo y, antes de que amanezca, mata al príncipe! Si lo haces, podrás volver a ser una sirenita como antes y olvidarás todas tus penas." Como en un sueño, Sirenita, sujetando el puñal, se dirigió hacia el camarote de los esposos y cuando vio el semblante del príncipe durmiendo, le dio un beso furtivo y subió de nuevo a cubierta. Cuando ya amanecía, arrojó el arma al mar, dirigió una última mirada al mundo que dejaba y se lanzó entre las olas, dispuesta a desaparecer y volverse espuma.

 Après le naufrage du coffre pirate... par... FEE NANCY...
Cuando el sol despuntaba en el horizonte, lanzó un rayo amarillento sobre el mar y, Sirenita, desde las aguas heladas, se volvió para ver la luz por última vez. Pero de improviso, como por encanto, una fuerza misteriosa la arrancó del agua y la transportó hacia lo más alto del cielo. Las nubes se teñían de rosa y el mar rugía con la primera brisa de la mañana, cuando la pequeña sirena oyó cuchichear en medio de un sonido de campanillas: "¡Sirenita! ¡Sirenita! ¡Ven con nosotras!" "¿Quienes sois?" murmuró la muchacha, dándose cuenta de que había recobrado la voz "¿Dónde estáis?" "Estas con nosotras en el cielo. Somos las hadas del viento. No tenemos alma como los hombres, pero es nuestro deber ayudar a quienes hayan demostrado buena voluntad hacia ellos."

Sirenita, conmovida, miró hacia abajo, hacia el mar en el que navegaba el barco del príncipe, y notó que los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras las hadas le susurraban: "¡Fíjate! Las flores de la tierra esperan que nuestras lágrimas se transformen en rocío de la mañana. ¡Ven con nosotras!

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25.4.16 21:56




SEDNA,LA MADRE DE LAS FOCAS BLANCAS



Pingouins - Colonie sur la banquise

Hace mucho tiempo en la tierra de los esquimales existió una muchacha muy joven y hermosa llamada Sedna. No tenía muchos amigos. Un día vio desde su cabaña un magnífico barco que era capitaneado por un apuesto y rico embajador extranjero, el cual se enamoró inmediatamente de ella. Después de haberla seducido con palabras llenas de promesas y tesoros, se marchó con el desconocido.
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La muchacha cayó en una terrible desesperación al conocer la verdadera identidad del cazador que no era más que un pájaro mágico que tenía la facultad de cambiar de forma y fue así cómo la engañó. Mientras tanto, su padre al saber de la repentina desaparición de su hija, se aventuró a través del océano hasta que dio con ella. Cuando la encontró, Sedna estaba sola y aprovecharon para huir de allí.
Pero cuando el perverso pájaro regresó, y se percató de la partida de su amada, enfureció y partió tras ella. El pájaro con sus poderes mágicos desencadenó una rabiosa tempestad al ver que el padre se negaba a devolverle a Sedna.
Bel oiseau mauve et bleu sur les orchidées...
Así el anciano comprendió de qué se trataba todo aquello. Pero no podía hacer nada para evitar que los atrapara porque el ave era más poderosa. Sedna también se dio cuenta y se lanzó por la borda para salvar a su padre. Su acto de bondad la convirtió en una preciosa foca blanca. Ella es la madre de todas las que hoy existen y, muchas veces, sale a la playa a ver si hay alguien bueno que va a buscarla.


 Bébés phoques - Stop au massacre...

Y Colorín Colorado..

Se diferencian de los lobos y los osos marinos por la ausencia de pabellones auditivos externos, el cuello es más corto, menos flexible y las aletas anteriores están menos desarrolladas;



6.4.16 19:51




LA PEQUEÑA ORQUESTA




Había una vez tres instrumentos musicales que no se llevaban nada bien. La flauta, la guitarra y el tambor siempre estaban discutiendo por ver quién era el mejor: La flauta decía que su sonido era el más dulce de todos. La guitarra decía que ella era la que hacía mejores melodías. Y el tambor decía que él llevaba el ritmo mejor que nadie.

Todos se creían los mejores y despreciaban a los otros. Por eso, cada uno se iba a tocar a una parte distinta de la habitación donde vivían. Pero el sonido del tambor molestaba a la flauta, la flauta molestaba a la guitarra y la guitarra molestaba al tambor.

 


Allí no había quien pudiera tocar tranquilo. En lugar de hacer música hacían ruido. Y si alguien se paraba a escucharles, pronto sentía un fuerte dolor de cabeza. Siempre pasaba lo mismo.

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Hasta que un día llegó una batuta a vivir con ellos. Al ver lo que ocurría, les dijo que ella podría ayudarles si querían. Pero los tres instrumentos estaban convencidos de que nadie podía ayudarles. La mejor solución era separarse y que cada uno se marchara a vivir a otra parte. Así podrían tocar a gusto, sin tener que soportar lo mal que tocaban los demás.

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La batuta les propuso intentar hacer una cosa: tocar juntos una misma canción. Ella les ayudaría a hacerlo. Al principio no estaban muy convencidos; pero al final, aceptaron. Les dijo lo que tenía que tocar cada uno y, después de un breve ensayo, comenzó a sonar la canción.

  
Los tres instrumentos miraban fijamente a la batuta, que les indicaba a cada momento cómo y cuándo tenían que tocar. La canción iba sonando muy bien. La flauta, la guitarra y el tambor no salían de su asombro. Estaban tocando juntos una misma canción y les estaba saliendo bien. Habían comenzado a hacer música. Cuando acabaron de tocar, estaban tan contentos de cómo les había salido, que se felicitaron. Era la primera vez que se ponían de acuerdo en algo. Le pidieron a la batuta que les hiciera tocar otra vez la misma canción. La estuvieron tocando todo el día cientos de veces. Todo el que pasaba por allí, al escucharles, se quedaba admirado de lo bien que tocaban.
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Al unirse y poner en común lo mejor de cada uno, habían conseguido formar una pequeña orquesta. Desde entonces, se dedicaron a dar conciertos por todas partes y se hicieron famosos por lo bien que tocaban juntos.

 

 


Y Colorín Colorado 

 

 LA PEQUEÑA ORQUESTA. En la Red: Cuentos Infantiles con Valores.

 



25.2.16 23:04




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